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Analyses

Crisis Hotelera: Volver al futuro

La crisis que azota al sector hotelero desde marzo de 2020 es de proporciones sin precedentes. Es atribuible a una combinación excepcional de múltiples factores que son a la vez sanitarios, de movilidad y económicos. Por supuesto, esto hace que cualquier intento de extrapolación directa basada en crisis pasadas sea poco relevante. Sin embargo, las pruebas por las que ha pasado nuestro sector pueden permitirnos extraer algunas lecciones importantes para comprender mejor la situación.

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¿QUÉ OCURRE CUANDO LOS FACTORES EXÓGENOS EJERCEN PRESIÓN SOBRE LA DEMANDA?

La crisis de Covid-19 no tiene precedentes, ya que es el resultado de una interrupción de las operaciones debido a la contención y a las diversas medidas de protección contra la epidemia que se han aplicado en todo el mundo.

En este sentido, la oferta y la demanda de movilidad y alojamiento han entrado en un coma artificial por razones de seguridad sanitaria.

Por lo tanto, se trata inicialmente de una presión externa y una retirada vinculada a la presencia de un riesgo inminente que afecta a la seguridad física de las personas. Dada la magnitud del fenómeno y, sobre todo, su difusión mundial, la situación actual difícilmente se presta a la comparación con la epidemia de SRAS de 2003.

Sin embargo, los viajes y el turismo internacional se cerraron en gran medida a lo que entonces era el único foco "activo", Asia (y en particular China). Del mismo modo, si el mundo entrara en una fase de estabilización sin una vacuna masiva, pero en la que los flujos de larga distancia se reanudaran gradualmente, no es imposible que ese escenario de "contención" se reproduzca del mismo modo, a una escala mucho más marcada.

Esto llevaría a cerrar nuevamente las fronteras con respecto a los bloques regionales o a los países donde reaparecerían los "clusters" más activos de circulación del virus. En este escenario, el mundo pasaría a un modo de turismo "stop and go", marcado por fuertes incertidumbres.

Pero si las epidemias de ayer no son muy comparables, otros temas pueden proporcionarnos algunas lecciones. En concreto, ¿cómo reaccionan los clientes cuando existe un riesgo para su seguridad e integridad física cuando viajan?

Los atentados que han afectado a Europa en los últimos años demuestran que la caída de la demanda es rápida e intensa, pero también que la "vuelta a la normalidad", es decir, al nivel de demanda correspondiente a las condiciones económicas del momento, se produce con relativa rapidez en cuanto disminuye la percepción del riesgo.

Así, tras los atentados de noviembre de 2015, París tardó 14 meses en volver a una tendencia positiva y 35 meses en volver a su nivel medio anterior a los atentados.

Bruselas, que también se vio afectada en marzo de 2016 pero que había comenzado su caída ya en noviembre de 2015 debido al origen geográfico de algunos de los miembros del sector que golpearon a París, se recuperó en 12 meses y volvió en 33 meses a su nivel anterior a la crisis.

Berlín, en cambio, sólo se vio ligeramente afectada por los atentados que enlutaron su mercado navideño y mantuvo una dinámica positiva, aunque se puede estimar que la ciudad tuvo un rendimiento ligeramente inferior durante unos 19 meses.

Esto ilustra dos dinámicas importantes:

- Cuando la demanda se ve limitada por factores exógenos, como los atentados terroristas en el pasado y la crisis sanitaria en la actualidad, la "vuelta a la normalidad", es decir, a los niveles de rendimiento hotelero correspondientes a los fundamentos económicos del momento, se produce con relativa rapidez.

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- El impacto del riesgo en el comportamiento tiende a disminuir cuando se prolonga en el tiempo o se extiende geográficamente, aunque el riesgo real siga estando presente y sea significativo: podemos hablar de una forma de "habituación" de los consumidores a la presencia del riesgo.

Así lo demuestran también los resultados hoteleros del verano de 2020 (véase la página 38), que fueron más dinámicos de lo esperado en muchos destinos en los que los viajes nacionales no se vieron limitados y pudieron manifestarse.

Por último, un análisis que aísle más específicamente las tendencias del índice de ocupación y del precio medio muestra claramente la evolución diferenciada de estos dos indicadores: en el caso de París (y el perfil es comparable en Bruselas), el punto de inflexión en términos de precio medio es 10 meses más tarde que el punto de inflexión en términos de TO.

En otras palabras, la recuperación de la ocupación precede a la de los precios: más allá de cualquier situación de seguridad y/o sanitaria, ésta es una constante que se observa a lo largo de todas las crisis hoteleras. Por lo tanto, para ver los primeros signos de recuperación, debemos mirar hacia la TO, antes de que se desencadene la dinámica del PM y del RevPAR. Graph-4Graph-5

ECONOMÍA, MI HERMOSA ECONOMÍA, DIME CUÁL ES TU HOTELERIA

Pero si ciertos factores exógenos pueden afectar temporalmente a la industria hotelera, en realidad es la economía la que está en el centro, a través de los buques que son el transporte y los eventos.

Mientras éstos no puedan alimentarlo (sobre todo a través del transporte aéreo y el MICE), la industria hotelera seguirá sin oxígeno, aunque el repunte del transporte por carretera y ferrocarril ya ofrece cierto alivio. Pero incluso una vez que esta cadena de suministro haya vuelto a funcionar, no todo estará resuelto, porque es la propia economía la que se ha visto más fundamentalmente afectada por esta crisis. Por lo tanto, se convertirá en una crisis económica. Graph-6

Sin embargo, la evolución del rendimiento de los hoteles está históricamente muy correlacionada con la de la economía y, por tanto, con uno de sus principales indicadores, el PIB. Este es el caso, en particular, de las tres principales economías europeas, donde los clientes nacionales son importantes.

Un análisis comparativo de las curvas de PIB y RevPAR requiere algunas observaciones. En primer lugar, el perfil de las curvas es muy similar y cuando se desvía, como en Francia en 2015-2016 tras los sucesivos atentados que afectaron al país, los años siguientes se caracterizan por un efecto de "recuperación" del potencial no alcanzado en los años anteriores. Así, tras las fases de restricciones externas, el rendimiento de los hoteles no se limita a volver a los niveles anteriores: recupera el crecimiento potencial que se perdió durante este periodo.

Desgraciadamente, si esta observación es válida en los periodos de crecimiento, lo contrario debería ser también cierto en los periodos de recesión: el rebote que cabe esperar inmediatamente después de una crisis vinculada a factores exógenos (en este caso, la salud) no puede, por tanto, superar el potencial de actividad vinculado a la situación de la economía en ese momento.

Según la Comisión Europea, se espera que el PIB europeo caiga un -8,3% en 2020, y los países más grandes verán caídas de entre el -6,3% (Alemania) y el -11,2% (Italia) en comparación con 2019. Teniendo en cuenta que el RevPAR amplifica históricamente el crecimiento del PIB en torno a 2,5x sobre una base anual, podemos estimar que, en ausencia de restricciones sanitarias o inmediatamente después de que se levanten si esto ocurriera (no perdamos la esperanza), el RevPAR debería seguir estando entre un -15% y un -30% por debajo de su nivel de 2019. Graph-10Graph-11Graph-12

En realidad, esto dependerá también del momento en que se produzca esta posible elevación y, sobre todo, del ritmo de recuperación de las economías. Si bien las últimas previsiones oficiales eran relativamente optimistas para 2021, basadas sobre todo en los efectos de rebote técnico vinculados a la reanudación de la producción y a la reconstitución de las existencias en numerosos sectores, la evolución de la situación sanitaria en las últimas semanas hace pensar en una recuperación más tardía, más gradual y, por tanto, más moderada. Graph-8

Además, cabe esperar que el perfil de los resultados de los hoteles varíe en función de las características de los distintos mercados y de su sensibilidad a las crisis, como ilustra perfectamente la historia de los dos últimos decenios y, más concretamente, la magnitud del declive registrado durante la gran crisis financiera "subprime" de 2008-2009.

Así, la magnitud de la caída fue mucho más marcada en los países mediterráneos, debido tanto a la caída más pronunciada de sus economías como, sobre todo, a su mayor dependencia del turismo internacional, que entonces se había contraído fuertemente. En los países del Benelux, donde la demanda hotelera se basa en gran medida en el papel de estos países como centros económicos y políticos, las variaciones de la actividad hotelera no están tan vinculadas a las de sus propias economías (y, por tanto, de su PIB) como a las de la economía europea en su conjunto. Por ello, las fluctuaciones suelen ser más pronunciadas que en países más grandes, como Alemania o Francia, donde la industria hotelera depende proporcionalmente más de los factores de la demanda interna.

Si echamos la vista atrás, el declive de la industria hotelera durante el periodo 2001-2003 también ofrece algunas ideas. En primer lugar, formaba parte de un crecimiento económico continuado: así, cuando los viajes internacionales se ven afectados, el sector hotelero puede, por desgracia, "desacoplarse" de los fundamentos económicos y obtener un rendimiento inferior durante el periodo en que las restricciones (vinculadas a las consecuencias del 11 de septiembre de 2001 y, posteriormente, del SRAS, sobre el transporte aéreo en particular) le afectan.

Sin embargo, hay que destacar la resistencia de algunos países. Los países del sur de Europa pudieron contar con el auge de la demanda intraeuropea y con un auge de la oferta que sólo les afectó realmente más tarde, durante el ciclo ascendente del mercado y luego durante la posterior crisis financiera. Y Francia mostró una notable resistencia, atribuible por una parte a la tradicional fortaleza de su mercado interior, pero sobre todo, a diferencia de Alemania y el Reino Unido en aquel momento (porque las situaciones se han equilibrado algo más desde entonces, aunque la observación sigue siendo cierta) al mayor peso de sus hoteles económicos y de bajo coste dentro de su parque hotelero. Esto ilustra una dinámica que se ha demostrado una vez más en las últimas semanas: los hoteles económicos y de bajo coste son mucho más resistentes en tiempos de crisis, mientras que la industria hotelera de lujo y de alta gama, que depende más de los clientes internacionales, es más volátil. Graph-2

En consecuencia, los mercados, ciudades o países en los que el peso de la industria hotelera de alta gama es más fuerte se verán afectados de forma más profunda y duradera por la crisis. Por el contrario, las ciudades "secundarias", los centros turísticos nacionales y otras ciudades de "nivel 3" están bien situadas para salir finalmente airosas.

¿CUÁLES SON LAS PERSPECTIVAS?

Sin embargo, los que esperan ver la aparición de un mercado de activos en dificultades, es decir, de activos hoteleros que se compran para su desguace tras la quiebra, especialmente en estos destinos y segmentos "prime", probablemente verán sus esperanzas frustradas: así lo demuestra el comportamiento histórico de los mercados de transacciones hoteleras.

En París, por ejemplo, una ciudad muy castigada en la actualidad, aunque el valor de los activos hoteleros por habitación se redujo ligeramente durante la última gran crisis financiera (en torno a un 10% durante los ejercicios 2008-2009, mientras que el RevPAR cayó más de un 12% sólo en 2009), fue sobre todo el volumen de transacciones el que se desplomó, con el mercado prácticamente congelado en 2009 tras los años de exuberancia de 2007-2008. Debido a la escasez de activos hoteleros y a la elevada capacidad financiera de sus inversores, a menudo prefieren, en caso de crisis, recurrir a sus reservas y esperar a tiempos mejores o, al menos, menos desfavorables para revender sus activos. Graph-9

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En este contexto, como siempre en caso de giro, "el efectivo es el rey", o más exactamente en 2020 " cash burn is king", es decir, la capacidad de los actores de limitar su consumo de liquidez a través de las pérdidas generadas por el negocio resultará decisiva. Al mismo tiempo, en un mundo inundado de capital y préstamos gubernamentales, los actuales propietarios preferirán esperar y aguantar, antes que abandonar y tener que asumir sus pérdidas.

Al fin y al cabo, las "sorpresas" que afectan al mercado hotelero no siempre son negativas, y una clientela puede a veces ocultar otra. Así, al igual que la caída de la clientela estadounidense tras el 11 de septiembre (casi un 20% menos en el periodo 2001-2003 en comparación con el máximo alcanzado en 2000) dio paso a la inesperada explosión de la clientela de los BRIC y, más ampliamente, de los países emergentes (sobre todo de Asia y, en menor medida, de América Latina), la esperada disminución de los viajes de negocios "tradicionales" podría dar paso a medio plazo a nuevas razones para quedarse.

Los viajes de negocios del mañana podrían estar motivados por la necesidad de reunirse internamente cuando los equipos estén dispersos geográficamente a diario en un marco de teletrabajo más generalizado, o en una estancia de "bleisure" cuando permita a los trabajadores prolongar su estancia en un entorno agradable en el que puedan trabajar en determinados momentos y disfrutar del resto del tiempo.

Todo ello no impedirá el regreso, cuando las condiciones lo permitan, de los clientes más tradicionales y, en particular, de los eventos empresariales, que tendrán la oportunidad de demostrar su valor añadido en términos de negocio generado para anunciantes, expositores y participantes en el evento gracias a esta crisis.

Dada la importancia de este segmento en la definición de precios por parte de los hoteleros, y en las reservas anticipadas, de las que actualmente carecen en gran medida para "asegurar" ciertos niveles de asistencia antes de poder subir los precios, el calendario de recuperación del negocio MICE deberá ser objeto de especial atención.

A finales de septiembre de 2020, si la primera mitad de 2021 ya se inscribe en un contexto de declive de la MICE, no ocurre lo mismo con el inicio del curso 2021 donde, por el contrario, las agendas se llenan de eventos aplazados en los meses anteriores. Pero la dinámica puede cambiar rápidamente... a seguir, por tanto.

Además, más allá del horizonte de los factores "limitantes", la dinámica de la demanda hotelera internacional sigue estando determinada sobre todo por la competitividad de los destinos.

Así, la tendencia a la baja de las pernoctaciones de los visitantes estadounidenses en el periodo comprendido entre 2001 y 2008 se produjo en un contexto en el que el dólar estadounidense había subido casi un 85% entre su mínimo de junio de 2001 (1 euro = 0,85 dólares) y su máximo de julio de 2008 (1 euro = 1,58 dólares).

El aumento de precios de más del 18% en Europa entre 2001 y 2008 casi duplicó los precios expresados en dólares. En otras palabras, el poder adquisitivo turístico real de los estadounidenses, y con ellos de los clientes internacionales, se redujo a la mitad; de ahí la tendencia negativa observada durante este periodo en términos de llegadas y pernoctaciones de visitantes estadounidenses.

Por el contrario, el aumento de la actividad expresado en euros durante el periodo 2009-2019 fue totalmente indoloro para el poder adquisitivo de los clientes estadounidenses e internacionales, en un contexto de descenso del dólar en relación con el euro durante este periodo.

En este sentido, la situación europea es más favorable hoy en día, ya que los recortes de precios en euros previstos para 2020 harán que los precios internacionales (en dólares) bajen a un nivel sin precedentes y crearán un mundo de oportunidades, de "buenas ofertas" disponibles de inmediato: lo suficiente para que la máquina vuelva a funcionar más rápidamente cuando el transporte aéreo se recupere.

No obstante, hay que tener en cuenta que los primeros en recuperarse serán los mercados nacionales fuertes, que han resistido mejor la crisis gracias a la manta de seguridad que suponen sus hoteles económicos y de bajo coste. Por ello, China y Estados Unidos están, lógicamente, especialmente bien posicionados, al igual que Francia, Alemania, Reino Unido y Polonia en Europa, para estar a la cabeza de la tan esperada recuperación.

Pero hasta entonces, habrá que tener paciencia, aunque, como dice un proverbio árabe, "la espera es más difícil de soportar que el fuego", y resistir.

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